La casa romana normalmente era de una planta, consistía en una serie de dependencias agrupadas entorno a patios. Solían contar con un primer atrio vinculado al acceso y a la relación con el exterior y uno o varios patios interiores, casi siempre más amplios y ajardinados, que distribuían las habitaciones privadas mediante un pasillo porticado (peristilo).
Los usos de los espacios se organizaban en una secuencia que iba de lo más público a lo más privado, situando las dependencias principales (triclinium y tablinum) en el centro.
Clunia es una ciudad extensa y sus ruinas nos presentan distintos tipos de vivienda adecuados a todas las clases sociales. Las casas más pudientes disponían de espacios nobles de recepción y vivienda familiar dotados de mosaicos polícromos y de pinturas pariétales así como de grandes espacios ajardinados. Muchas de ellas, contaban con parte de las habitaciones construida bajo tierra, que servían de abrigo para el frío invierno y aliviaban del rigor del caluroso verano. Dentro de la misma casa convivían los dueños con siervos y esclavos.
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